Sigo muy contento con el comportamiento de mis estudiantes al finalizar esta séptima semana. Parece que, aunque su último fin es obtener la nota mínima para que les cuenten los créditos, se ve bastante más interés por su parte. También creo que, al tenerlos más activos durante toda la clase, no les da tiempo a distraerse, aunque claro, sin interés por su parte ni siquiera esto funcionaría, así que por lo menos es buena señal.
Sin embargo, hay un pequeño grupo de 2 o 3 a los que he tenido que dar por perdidos, ya no sólo por su falta de interés por la clase (a estas alturas algunos siguen sin tener el libro y en las actividades en grupo a pesar de que les insisto en que se unan a sus compañeros se quedan en su sitio escribiendo cosas en su cuaderno sin querer implicarse con los demás) si no porque ya han alcanzado el número máximo permitido de asistencias y, aunque les avisé en su momento de que si seguían faltando suspenderían la asignatura, ellos siguen viniendo a clase un día sí y tres no.
Aparte de este grupo de objetores (así llamamos en España a este tipo de alumnos que se pasan las clases cruzados de brazos) he podido recuperar a otros 2 o 3 que corrían el riesgo de suspender también por las ausencias pero que parece que han recapacitado y ahora tienen una asistencia mucho más regular e incluso participan activamente en la clase, cosa que me alegra bastante. A parte de ésto creo que voy consiguiendo hacer un mejor uso del tiempo, ya que procuro que no se relajen tanto cuando doy tiempo para hacer una actividad y creo que esto es una de las cosas que afectan directamente en su comportamiento. De lo que sigo sorprendiéndome es del silencio sepulcral que invade la clase cuando mando una actividad individual. Espero que la cosa siga así.